lunes, 9 de junio de 2014

Australia: 4.800 km de costa Este



Y llegó el día en que el Sur se va al Este y el Este se va al Sur: Mary se va a Nueva Zelanda y Aída vuelve a Sydney por unos días… Todo ha pasado rápido e intenso, un mes en Australia que comenzó treinta días atrás…

Aterrizamos en Sydney, con alguna que otra sensación de estar en terreno conocido; tras el contacto con culturas dispares en el camino recorrido, llegábamos a un país con costumbres no muy alejadas de las nuestras, aunque aquí algunas cosas funcionan del revés (es lo que tiene estar boca abajo): Las cerraduras se cierran hacia donde acostumbramos a abrirlas y viceversa, en los parques hay carteles en los que te invitan a pisar el césped, barbacoas que utilizar gratuitamente en cualquier lado y familias que te invitan a aparcar tu furgoneta y pasar la noche detrás de su casa…

Los primeros días paseamos por Sydney, una conociendo la otra re-conociendo; George Street, Botanic Gardens, Opera House y Harbour Bridge, iconos de una ciudad que cuanto menos es agradable, interesante y donde siempre hay algo que hacer.



Con la llegada de Arancha; la nueva componente del grupo, emprendimos rumbo al Norte, (pero sin dejar de perderlo, esta vez solo en sentido figurado y no literal); nuestra furgoneta verde que dice a gritos “Eh hola soy turista, mirame!” bien equipada, era lo único que necesitábamos para sobrevivir 24 días en carretera.

Por el camino encontramos maravillas, de la naturaleza y de esta sociedad australiana, que no ha dejado de sorprendernos.



El ambiente y comodidad de Bayron Bay, un paseo por el Parque Nacional de Noosa, la ruta de las cascadas donde ver montones de ellas a cada cual más impresionante, el lago Mackenzie de un azul excepcional en Fraser Island, y las playas, lagos o rincones que encontrábamos por el camino; lugares que disfrutar en muchas ocasiones solo para nosotras, momentos que te hacen sentir privilegiado.



Uno de nuestros hobbies favoritos ha sido hacer barbacoas, en la playa, en el lago… cualquier lugar es bueno para disfrutar de un buen chuletón de canguro, y cebolla (muucha cebolla). Y es que aquí es difícil no encontrar parques preparados para este tipo de actividad donde disfrutar de la naturaleza a la par que de una buena comida.

4800 kilómetros dan para mucho, como para jugar al trivial en la carretera, y no, no es cosa nuestra, estos australianos están en todo y preocupados por que te duermas al volante, en los tramos de “alto riesgo por fatiga” te ponen preguntas para mantenerte alerta en la carretera y de paso culturizarte sobre la zona.



La llegada a destino, Cairns, nos permitió aparcar por unos días y disfrutar de paseos agradables por sus calles y su costa, cruzar experiencias y alguna que otra cerveza con nuevas caras en Geckos Backpackers, donde nos sentimos como en casa a pesar de dormir en nuestra furgoneta. También disfrutamos de su “playa-piscina” pública como principal atracción y su soleado tiempo que ya veníamos necesitando.



Australia nos ha hecho crecer un poquito más, como amigas y como viajeras; la experiencia intensa, muy intensa, de 24:24 (24 días 24 horas) en una furgoneta ha sido una aventura más para guardar en la memoria, llena de lugares especiales. Y ahora es tiempo de guardar todo eso en la mochila y seguir el camino, el Sur hacia el Este y el Este hacia el Sur, siempre procurando perder el Norte.



sábado, 24 de mayo de 2014

Tailandia: año nuevo, vida nueva


Después de tres meses y medio perdiendo el norte llegó el final de nuestra aventura africana… Era hora de perder también el oeste, geográfica y metafóricamente hablando, ya que Andy vuelve a casa. Pero los finales no son más que comienzos de algo nuevo y con la alegría de haber pasado unos meses increíbles que ninguna olvidaremos y con la incertidumbre de no saber qué nos depara el futuro, subimos al avión destino a un nuevo continente…

Casi 24 horas después poníamos un pie en Asia; difícil explicar nuestros primeras horas. De camino a la ciudad de Bangkok no articulamos palabra, extasiadas por la inmensidad de la ciudad, miles de luces, carriles interminables de la autopista, coches, motos, nuevos rasgos e idiomas, ¡Un verdadero cambio!
Tailandia es un país muy cómodo y tardamos poco en acostumbrarnos a su caos ordenado, sus puestos de comida y fruta en cualquier esquina, sus enormes centros comerciales, sus majestuosos templos. Tuvimos la suerte de vivir  el festival del agua Songkram, con el que se celebra el nuevo año tailandés y que consiste en una autentica guerra de agua en toda la ciudad; durante tres días niños, adultos y mayores, están invitados a remojar a cualquiera que pase cerca, sin reglas ni excusas.

Dejamos atrás Bangkok, las compras y los pad thai de un euro sentadas en la acera, para llegar a Phuket, ciudad situada al sur del país, donde nos reencontramos después de muchos años con Alberto, compañero de la infancia; pasamos unos días como reinas, sin nada que nos faltase en su compañía. Entre risas, recuerdos, paseos en moto y puesta al día de nuestras vidas y alguna que otra ajena, recorrimos la zona y un poco más allá, llegando a las islas de Phi Phi. 

Lo más espectacular allí fue una excursión privilegiada en la que disfrutamos con solo unos pocos de Maya Bay ('la playa'). 

Tras la cena y algunos juegos para romper el hielo pasamos a ser los 'niños perdidos'  guiados por Peter Pan en tierras de Nunca Jamás… Atravesamos la  isla en silencio, un puente de cuerdas nos condujo a los botes que a oscuras nos llevaron al barco… Y un bañito antes de dormir…
(Lo que a continuación se relata sólo lo puede entender quien lo haya vivido, sino cualquiera pensaría que es fantasía)
Sumergirse en las  aguas templadas del índico de noche ya es de por sí una experiencia, pero es enmudecedor cuando miles de 'estrellas' submarinas acompañan tus movimientos. Al nadar dejas detrás una estela de lucecitas que bailan con tu cuerpo… Algunos lo llaman plancton luminiscente, otros preferimos llamarlo magia.

Tailandia fue lugar de reencuentros, ¿Quién diría que conocer a alguien en un bar de playa en la costa almeriense acabaría con un reencuentro en Tailandia? ¡Qué divertida es la vida! Y así empezaron unos días con el tío Chiqui (... digo Fernando).

Además hemos conocido en consecuencia, gente interesante y divertida como Carlos y sus compañeros, que nos acogieron como dos más en su casa de ensueño, que nos resultó complicado abandonar.
Pero Khao Lak nos esperaba, es un pueblo tranquilo al norte de Phuket, famoso por su cercanía a las islas Similan, parque nacional que los amantes del buceo no deben perderse. Allí aprovechamos la oportunidad para sumergirnos en sus aguas cristalinas y sentir como enormes mantas nadaban entre nosotros sin sentirse perturbadas.
En definitiva, Tailandia ha sido el punto de inflexión de este largo viaje, unas pequeñas vacaciones en las que relajar cuerpo y mente, en las que disfrutar de los reencuentros improvisados y las nuevas amistades que surgen por el camino, aquellos que olvidan coger un vuelo, distraídos por largas y divertidas conversaciones entre pad thais a las cuatro de la madrugada…

Asia nos ha dado aire fresco y energías renovadas para de nuevo cambiar de continente en busca de nuevas aventuras… Nos vemos en Australia.

domingo, 27 de abril de 2014

África: No hubiera sido lo mismo sin… Africa: Would have never been the same without...


El tiempo, los pasos dados y viajar te hacen crecer; África nos ha dado todo eso y mucho más, pero nuestro viaje lo componen las personas y experiencias que hemos encontrado por el camino, gracias a las cuales nos llevamos las mochilas cargadas de memorias inolvidables. Gracias a todos ellos por enseñarnos que el mundo, por muy grande que sea, se compone de las pequeñas cosas que se comparten por el camino…
The time, the steps and travel make you grow; Africa has given us all that and much more, but our trip is made up of the people and experiences we found along the way, thanks to which, we bring backpacks full of unforgettable memories. Thank you all for showing  us that the world, however large it is, is made up of tiny things that are shared on the way...
Gracias…
Thank you...
A Moti, por su buen rollo, sus riquísimas barbacoas y por la cazuela que nos ha acompañado en nuestro viaje.
To Moti for his good vibes, his delicious barbecues and the pan that has come with us on our trip.

A Gilad, por los buenos ratos, buenas conversaciones y por las fotos que nos hizo.
To Gilad, for the good times, good conversations and photos he took of us.
A Manaché, que sin dudarlo prestó su ayuda (y 100 $) a unas desconocidas; por eso y por todo lo demás que nos has aportado, gracias.
To Manaché, without hesitation lent his support (and $100) to some strangers; for that and for everything you've given us, thanks.
A Blassia, que confió en tres desconocidas prestándoles dinero, ayudándolas con el taxi y haciendo todo lo posible para encontrar un buen alojamiento; conocer gente como ella te hace confiar en las personas.
To Blassia, which relied on three strangers lending money, helping with taxi and doing everything possible to find good accommodation; meet people like her makes you trust people.
A Teresa y Severine, que nos aportaron aire fresco y muy buenos momentos que compartir durante nuestro inolvidable safari.
To Teresa and Severine, who gave us fresh air and good times to share during our unforgettable safari.

A nuestros amigos argentinos recién casados, Belu y Nacho que nos evitaron la paliza de bajar andando y nos invitaron a cenar y a compartir una velada genial.
To our newlywed Argentine friends, Belu and Nacho who avoided us walk down and invited us to dinner and share a great evening.
A Clif que vino con nosotras hasta Livingstone y nos llevó a las cataratas Victoria, donde nos mostró una de las maravillas del mundo y nos hizo pasar un día inolvidable.
To Clif who came with us to Livingstone and took us to Victoria Falls, where we visited one of the  Seven Wonders and made an unforgettable day.

A Astrid y Chris que nos hicieron descubrir la mejor forma de viajar en Namibia, gracias a la cual tuvimos una de las mejores experiencias. Gracias por los contactos y vuestro entusiasmo al contarnos vuestra forma de viajar.
To Astrid and Chris that made ​​us discover the best way to travel in Namibia, through which we had one of the best experiences. Thanks for the contacts and your enthusiasm to tell your way to travel.
A los pilotos que conocimos en Botswana por compartir unas cervezas y buenas conversaciones.
To the pilots we met in Botswana for sharing some beers and good conversations.
A Andreas que no dudó en darse la vuelta en la carretera para recogernos y evitar que nos derritiéramos por el camino.
To Andreas who did not hesitate to turn around on the road to pick us up and avoid us to get melted.
A Ben por enseñarnos las maravillas escondidas de su pueblo y llevarnos a sitios especiales donde solas no habríamos llegado.
To Ben for showing us the hidden wonders of his village and lead to special places where we would not get by ourselves.

A nuestros amigos colombianos, David, Fernando, Laura, Pablo y Manu que desde el primer minuto se interesaron por nuestra experiencia y nuestro blog, lo han ido promocionando y se han convertido en fieles seguidores de nuestras fotos.
To our Colombian friends, David, Fernando, Laura, Pablo and Manu that from the first minute were interested in our experience and our blog, they have been promoting it and have become faithful followers of our photos.
A Pilar y José, los moteros que recorren el mundo, con los que compartimos una charla interesante y son inspiración para futuros viajes. Y por esos kwacha olvidados en el bolsillo.
To Pilar and Jose, bikers who travel the world, with whom we share an interesting chat and are inspiration for future trips. And also for those kwacha forgotten in their pocket.
A Thato y Ravioli por compartir buenos momentos, cenas, risas y formar parte de nuestra pequeña familia por una semana.
To Thato and Ravioli for a good time, dinner, laughs and being part of our little family for a week.
A Gareth, que siempre se ha interesado por saber como iba nuestro viaje, nos llevó a Monkey Bay y nos ha tendido la mano en todo.
To Gareth, who has always been interested to know how was our trip, took us to Monkey Bay and has reached out to us.
A Helen que nos hizo sentir como en casa en su backpackers, Mile crunchers y fue de gran ayuda para hacer del cumpleaños de Mary un día especial; gracias por las velas y la nota de felicitación en la cena.
To Helen who made ​​us feel at home in their backpackers, Mile crunchers and was a great help to  make Mary's birthday a special day; thanks for candles and note card at dinner.
A Tipezananso: Playground and childrens moviesproject por ser un precioso proyecto en Malawi y por invitarnos a ver el rey león con los niños, una experiencia maravillosa.
To Tipezananso: Playground and childrens moviesproject to be a lovely project in Malawi and for inviting us to watch The Lion King with the kids, a wonderful experience.
A los chicos de Aroundabout cars de Bloem Street en Cape Town por sus consejos y su amabilidad.
To the boys from Bloem Street Aroundabout cars in Cape Town for their advice and kindness.
A la gente que nos ha ido dando buenos consejos y recomendaciones que han sido de gran ayuda para ir descubriendo África: a Dani en Senegal, a Claudia en Tanzania, a Andrés en Namibia y a Henning en Sudáfrica.
To people who have been giving us good advice and recommendations that have been helpful for discovering Africa: Dani in Senegal, Claudia in Tanzania, Andres in Namibia and Henning in South Africa.
A Ignacio que nos regaló su crema solar, un bien muy preciado por estas tierras.
To Ignacio who gave us his sunscreen, a precious good here.
A Corné por compartir unos días con nosotras, hacer el fuego de la braii (bbq) y prestarnos su tabla de surf.
To Corné for sharing with us few days, make the fire braii (bbq) and lend his surfboard.
A los surferos cristianos por invitarnos a disfrutar de la salida del sol y a unas clases de surf.
To the surfers for inviting us to enjoy the sunrise and tought us how to surf.
A Hannchen, que nos invitó a un desayuno espectacular en Cape Town y nos dio un tour que nos despertó aún más ganas de volver.
To Hannchen, who invited us to a spectacular breakfast in Cape Town and took us for a tour that woke us even more eager to return.
A Martin por descubrirnos en el tour gratuito un poco de historia y cultura de Cape Town de una forma entretenida y amena.
To Martin for discovering by the free tour some history and culture of Cape Town in an entertaining and enjoyable way.
A Youssou que hizo lo posible para estirar las últimas monedas que nos quedaban y por su amabilidad y buena conversación.
To Youssou who did his best to stretch the last remaining coins and his kindness and good conversation.
A Rai, nuestro amigo el gasolinero, que detectó nuestro pinchazo y nos lo arregló. También por descubrirnos la duna 40 y el trineo que nos regaló.
To Rai, our friend of the gas station, which found our puncture and fixed it. Also for showing us Dune 40 and the sled that gave us.

A la recepcionista del hostel que se prestó a grabar un video en Tamara nama, un grato y peculiar recuerdo que nos llevamos gracias a ella.
To the receptionist at the hostel who record a video in Tamara nama, a pleasant and unique memories that we get through it.
A nuestro amigo angoleño Nando que nos invitó a unas copas en el Hilton de Windhoek.
To our Angolan friend, Nando who invited us to some drinks at the Windhoek Hilton Hotel.
Al señor de USA, al scheriff de la tribu, y a los hermanos de Botswana que nos llevaron en coche evitándonos una caminata de 10 km a pleno sol.
To the american guy, the Scherif Tribe, and the brothers of Botswana that drove us avoiding to walk for 10 km in full sun.
Al desconocido que pagó la diferencia del alojamiento y al jefe de estación por venir a despertarnos a las 4 am para coger el bus.
To the stranger who paid the difference of the housing and the stationmaster to come to wake up at 4 am to catch the bus.
A los hermanos pescadores sudafricanos que en Namibia nos ofrecieron su reservas de Diesel.
To the South African fishermen brothers that offered their spare Diesel in Namibia.
A Silvano que nos trató como a sus hijas y sobre todo por su honradez.
To Silvano who treated us as his daughters and especially for his honesty.
A la familia cabo verdiana que nos abrió las puertas de su casa para celebrar el año nuevo y nos trató como parte de ella.
To the Cape Verdean family who opened the doors of their house to celebrate the new year and treated us like part of them.
A Michael, que no habiendo disponibilidad en el Blue Mountain Backpackers, nos hizo un hueco para poder seguir estando como en casa.
To Michael, having no availability at the Blue Mountain Backpackers, made ​​his best to get space to keep us feeling at home.
A los chicos de Luxemburgo que nos llevaron de fiesta en Cabo Verde.
To the guys from Luxembourg that took us for partying in Cape Verde.
Al chico que en Praia nos llevó desde el aeropuerto y nos ofreció su ayuda si necesitábamos algo.
To the boy in Praia who took us from the airport and offered his help if we needed anything.
A Edouard, Yoyo y “boom boom fire”, por ayudarnos a encontrar alojamiento, invitarnos a un riquísimo té y abrirnos las puertas de su casa.
A Edouard, Yoyo and "boom boom fire" for helping to find accommodation, inviting us to a delicious tea and open the doors of their house.

Al cocinero que en Cape McClear nos vigiló el arroz.
To the Chef in Cape McClear that watched out the rice.
Al chico desconocido que en Senegal sin mediar palabra arregló la eterna cremallera rota de la mochila de Andy, hace falta más gente así por el mundo.
To the unknown guy in Senegal that wordlessly managed to fix the eternal broken zipper of Andy’s backpack, more people like him would be needed around the world.
Al maquinista y al revisor del tren de Marruecos que no dudaron en parar un tren y no cobrarnos un billete.
To the driver and the conductor of the train in Morocco who did not hesitate to stop the train and not charge a ticket.
Al capitán Asis, que nos llevó prácticamente de su mano a bucear e hizo del snorkel algo más que una excursión.
To the Captain Asis, it took us snorkel and made it special, ​​more than a tour.
A Hassan que nos grabó la canción “Jambo” y con el que compartimos buenos ratos.
To Hassan who recorded the song "Jambo" and the good times we shared.
Al matrimonio de Zambia que nos llevó en su coche y nos dio una clase de cultura general del país.
To the Zambia's couple that took us in their car and gave us a general culture master class of the country.
A todas las personas que en la distancia han vivido esta experiencia con nosotras y con entusiasmo han seguido nuestro blog.
To all the people who have lived in the distance this experience with us and eagerly followed our blog.
Pero sobre todo… gracias a nuestra estrella que en todo momento ha estado con nosotras y ha hecho de esta experiencia una aventura inmejorable.
But most of all ... thanks to our star that has been with us all the time and has made this experience a superb adventure.

domingo, 20 de abril de 2014

Sudáfrica: de mayor quiero ser turista


Érase una vez tres chicas que se disponían a recorrer Sudáfrica, una pequeña parte mejor dicho, puesto que su inmensidad daría para varios viajes.

Las primera parada fue en Mossel Bay; allí, una concentración de moteros tenía tomada la ciudad, era una situación diferente y divertida, hasta que dejó de tener gracia porque no quedaba un solo alojamiento disponible. Tras dos horas de búsqueda y rozando la desesperación apareció una gran casa con aspecto un tanto destartalado, pero realmente acogedora donde sentirse como en casa y donde al día siguiente comenzar la celebración del cumpleaños de la veterana del grupo, Mary. Sin duda un cumpleaños diferente.
Reemprendimos el camino dirección a Knysna (nombre impronunciable), donde tuvimos el privilegio de realizar una ruta guiada por Ben, uno de los pilotos que conocimos en Botswana; de la mano de un local llegamos a sitios secretos y privilegiados, donde disfrutar de la sensación de estar recibiendo un regalo especial.
Un trekking por Robberg Island un poco más allá, fue un espectáculo de paisajes de los que te dejan sin palabras, y una exhibición de cientos (pero cientos y cientos!) de focas que saltaban y jugaban con la espuma de las olas.

En Stormriver también el protagonista fue el trekking hacia una gran cascada, donde una pequeña isla entre el agua dulce y el mar proporcionaba una espectacular vista en la que reponer fuerzas. Fue un acierto pasar la noche en Djembe, un albergue que parecía más bien una casa ocupa con mucho encanto, entre cabra de mascota, y jóvenes de todo el mundo.



Jeffreys Bay es, por excelencia, el paraíso de los surferos. Fue increíble subirse a las olas mientras comenzaba el día y un sol rojo asomaba por el horizonte. Todo lo que se relacione con tablas o surf es bienvenido en JBay, y es por ello que también se practica el sandboarding, lo mínimo era probarlo; unas horas de deslizarse por las dunas y rebozarse en arena fueron una experiencia más que acumular en la memoria.

Pasada la zona surfera nos adentramos sin saberlo en la zona rural; llegamos a Ludanzi en el medio de la nada, conduciendo por caminos donde se veía más bien poco y la carretera parecía un queso gruyere. Sus habitantes, lugareños, vacas o burros se plantaban en medio sin avisar. Finalmente llegamos a una casa hippie donde las ocas atacaban a los huéspedes y los perros quitaban las pulgas a los gatos; se alzaba entre colinas verdes salpicadas de casitas de colores sobre un acantilado que acababa en la playa. 
A la mañana siguiente, campo a través y sin absolutamente ningún camino que seguir nos dirigimos al Hole in the wall; llegar no hubiera sido posible sin la ayuda de sus habitantes, que nos acompañaban por tramos y nos indicaban el camino para llegar a un lugar especial, en el que el mar atraviesa una enorme pared de roca para llegar a la playa.

Ya llegando el final, añadiendo algo original a la aventura, dormimos en un sitio de cuento, en medio de una selva donde era fácil perderse, en casas que se alzaban por encima de los árboles. Durban y Johannesburgo, fueron las últimas paradas; grandes ciudades, tráfico, edificios, pero con espíritu africano en cuanto al encanto y al caos en sus calles, sus mercados y sus gentes.
A lo largo del camino hemos ido conociendo y reencontrando gente; gente de paso con experiencias de las que marcan, o gente con muy buena energía, como nuestros amigos colombianos que nos contagiaron su buen rollo en los tres sitios que coincidimos con ellos, o gente local que nos ayudó a conocer un poquito más de este país.
Y como se preguntaba nuestro amigo el taxista… “Vosotras sois turistas, ¿no? Y… ¿Cómo se puede trabajar de turista?”… Definitivamente buscaremos la respuesta porque se podría decir que tenemos vocación de esta recién descubierta profesión.
Y ahí estaban las tres chicas, que hacía más de tres meses habían iniciado un viaje en el que dejar prejuicios por el camino, en el que aumentar conocimientos, disminuir comodidades innecesarias… pero sobre todo en el que crecer.
Y colorin colorado, esta aventura por ahora ha terminado…

jueves, 3 de abril de 2014

Cape Town: Ca(R)pe Diem



Ya estábamos en camino, dirección a la famosa ciudad de la que todo el mundo habla maravillas. Con muchas ganas, somos las primeras en subir al autobús que tardará 21 horas en llevarnos, ¿tenemos todo?, ¿lista la comida para comer, cenar y desayunar en marcha? Ah no, el tupper de fruta se ha quedado en la nevera… uff, está muy lejos, que se le va a hacer… ay y el yogurt también estaba ahí.. bueno, pues que pena… ay! Mi batido dice Andy.. que mira el reloj, se cruza una mirada con Mary y sin pensar demasiado deciden que los 10 minutos restantes para la salida del bus son suficientes para subir la enorme cuesta y volver… como nos gusta el riesgo! Sorprendentemente les sobraron 5 minutos y el desayuno supo a gloria.
Tras una noche de subir y bajar del autobús para pasar fronteras, llegamos a la aún desconocida Ciudad del Cabo, era una ciudad de verdad y la más grande que habíamos pisado. No estábamos preparadas para ello, sin mapa ni mucha idea de donde quedaba el alojamiento, hicimos una primera incursión en la ciudad, dando vueltas con nuestras mochilas con muchas ganas de llegar. Al fin nos instalamos en la que sería nuestra nueva casa por algo más del tiempo estimado, situada en pleno centro en la Long Street, con nuestra propia terraza con vistas privilegiadas y conexión directa a la vida en continuo movimiento.
Se puede describir esta ciudad con una sola palabra, viva. Arropada por la montaña en un lado y el mar al otro es un hervidero de estilo y creatividad en el que los cafés son coloridos, y cada negocio es más original que el anterior. La multiculturalidad se respira en sus calles y comercios, todo ello con un aire alternativo y una actitud abierta a todo lo que sea novedoso.

Por casualidad encontramos un “free walk tour” que nos adentraría un poco más en la historia de la ciudad. Martin, el guía, contaba de forma entretenida entre chistes y anécdotas la vida aquí. Recorrimos los Company Gardens viendo cientos de ardillas (y ratas), el flower market, donde conocimos la Protea, la flor autóctona, que únicamente (recalcado varias veces) se encuentra en este país. Nos sentimos viviendo parte de la historia al llegar a la plaza donde Mandela dio su primer discurso como hombre libre, animando a la reconciliación, y convirtiéndose en un ejemplo mundial. A media mañana nos detuvimos frente a dos bancos que custodiaban un edificio, cada uno en un lado indicaban “White” y “No White”; se trataba de una sencilla clasificación donde en este lugar se utilizaba una “desarrollada” técnica para clasificar a las personas y darle su carnet de identidad. La definición dice algo así como: “Se considerará persona de color a la que no tenga apariencia de blanco.” Se combinaba con el “test del lápiz” que consistía en calificar el grado de rizo del pelo, en base a si se quedaba sujeto o no en la cabeza, en caso de quedarse, no eras blanco. Por muy cómico que parezca, esta situación se daba hasta hace no mucho tiempo.

Uno de los días nos lo concedimos como “tiempo libre”, dícese del uso y disfrute por unas horas de forma individual. Andy se tomo el día para subir a la muralla natural que protege Ciudad del Cabo, la Table Mountain; como era de esperar, eligió el camino más complejo, trepando paredes rocosas y subiendo la verticalidad de esta montaña con no poco esfuerzo, para llegar a la cima en 2 horas y media. Mereció la pena.

Por primera vez en el viaje dedicamos nuestro tiempo a vivir y sentir la ciudad, más que visitar y observar, y nos hizo entrar en una especie de rutina (de la buena, no de la mala): Salir de fiesta, ir a la playa en Clifton, ir de compras, comer en el parque, disfrutar de conciertos, etc. A penas nada turístico excluyendo visita obligada al Waterfront, Sea Point y el long market. Pero no podíamos marcharnos sin conocer el Cabo de Buena Esperanza, que presuntamente es el punto más septentrional del continente. El día de excursión lo pasamos entre pingüinos y acantilados con vistas a los dos océanos, Atlántico por aquí, Índico por allá y disfrutamos de una rica comida de auténtico fish & chips en un pueblo de pescadores, Hout Bay.

Ciudad del Cabo ha sido un punto de inflexión en la aventura africana, que nos atrapó una semana más de lo estimado con sus encantos, historia, ambiente, gentes y en definitiva, de todo lo que por unos días nos abrió las puertas a formar parte de ella.



domingo, 23 de marzo de 2014

Namibia: At your own risk



Mi nombre es Hilux soy de Namibia y tengo 5 años. Mi trabajo consiste en vivir aventuras recorriendo mi país. Soy de los que disfruto cuando trabajo porque estar parado es un rollo.
Estas semanas me ha tocado trabajar; he estado con tres chicas muy interesantes y entretenidas que me han hecho pasar todo tipo de situaciones, divertidas y algún que otro apuro, en alguna ocasión hemos necesitado un empujón para salir adelante, siempre con éxito como os relato a continuación.
Tras mi percance del pinchazo y una vez recuperado seguimos camino a Walvis Bay. Allí disfrutamos de un atardecer de los que no se olvidan, salinas y flamencos enmarcaban la caída del sol africano que se despedía del desierto.


Al día siguiente llegue a pensar que estas chicas estaban locas cuando las vi subir la duna 7 y deslizarse a toda velocidad bajando en el trineo casero que Rai les había regalado.

En Swapkomund, aunque a mi me dejaron aparcado, las oí comentar que era un pueblo colonial, que aunque no es gran cosa tiene su encanto, y estar entre la playa y el desierto es un espectáculo.

Nuestro camino nos llevó a la nada… Nos dirigíamos hacia el interior para ver las pinturas rupestres de Brandberg que yo me perdí porque no me dejaban pasar. Pasamos un rato buscando donde dormir, siguiendo las señales al camping Ugab llegamos a un llano en el bosque donde había una mesa de piedra y una barbacoa, pero nadie vino a darnos la bienvenida. Así que allí nos quedamos los cuatro solos, sin mas compañía que una hoguera y el sonido de los animales en medio de la noche.


Skeleton Coast es uno de mis lugares favoritos; es un desierto que recibe su nombre de la cantidad de esqueletos humanos encontrados, pertenecientes a los ambiciosos que se deshidrataban durante su infructuosa búsqueda de diamantes, que supuestamente abundaban en la zona.

Por suerte o por desgracia las puertas del parque nacional estaban cerradas y tuvimos que dar media vuelta; yo estaba cansado y bajo de reservas así que nos tuvimos que quedar en el primer camping que encontramos: milla 108, cerrado por temporada baja. Allí solo había dos pescadores que ayudaron a las chicas llenándome el depósito. Esa noche por poco nos volamos aparcados en la playa, el mejor plan era una sopa para cenar. Para resguardarse del viento decidieron cocinar en el baño, que además era el único lugar donde coger agua para hacer la cena. Tras el primer sorbo se miraron unas a otras... Algo iba mal… "¿no notáis nada raro?", decían “sabe un poco como... A mar!!” Entonces se fijaron en que las tuberías provenían del mar... Sospechoso ¿no?. Las pobres ilusas habían hecho sopa de champiñones con agua de mar y aunque no tuve el placer de probarla pude comprobar que no hubo quien se la tomara.

Pasado Skeleton Coast me llevaron de safari. Me daba un poco de miedo pensar que tenía que pasar yo solito al lado de tantos animales salvajes en Etosha, el Parque
 Nacional más grande de Namibia. Pero fue toda una experiencia cuando los cuatro nos vimos frente a un enorme Rino que se paro en medio de la carretera a mirarnos... Contuvimos la respiración por un momento y luego desapareció entre la maleza.



Más tarde vimos otros dos, y mira que es difícil, se confunden con rocas, de las que solo les diferencia un pequeño rabito que asoma entre las ramas. He de decir que Andy era toda una experta porque yo no veía ni uno. También mientras buscábamos elefantes encontramos una pareja de leones y vimos a una mamá leona con sus leoncitos, maravillas de la vida salvaje que se me quedaran grabadas en el cuentakilómetros.




Llegado el final mientras las chicas pasaban su última noche en el techo vi como un animalillo que parecía un chacal se llevaba la ropa interior de Aída. Al día siguiente fue a buscar su ropa tendida y se encontró una prenda en el suelo, tras lavarla se dio cuenta de que estaba dividida en dos, pobre, con lo escasas que van de ropa...

Tras 3000 km recorridos vuelvo a casa sin un rasguño. Estas chicas si que saben conducir; ha sido todo un privilegio compartir más que unos días, una aventura llena de diálogos, risas, y amistad.